Del otro lado de la tarima.

La historia comienza hace ya muchos años después de una buena fiesta de esas en las que se baila, se toma y uno empieza a creerse cantante. Con el amanecer llegaron las ganas de cantar y los amigos de la orquesta muy amables nos prestaron sus micrófonos para que pudiéramos aturdir un poco a los que aún quedaban de pie y despertar a los dormidos. Recuerdo que con algunos músicos empecé a cantar Oiga, mire, vea de Guayacán y para mi sorpresa no era tan fácil como cantar en la casa. Había que entrar ¨a punto¨, las letras tantas veces escuchadas y que fluían de manera natural en las fiestas o en el carro mientras conducía de la oficina a la casa, parecían más esquivas y la mente no daba para improvisar; sin embargo dos cosas pasaron: pude sentir el sabor y la cadencia mientras cantaba y una vocecita que me decía que aunque no había sido privilegiado de manera natural con una buena voz para el espectáculo, también me decía: tú puedes hacer esto.  Cuando devolví el micrófono la representante de la orquesta me dijo ¨ya tienes trabajo con los Fénix cuando quieras¨. La frase me quedó sonando al punto de que ella nunca se imaginó que terminaría teniéndome entre las filas de la banda.

                                                                                 ***

Fue una semana dura. Viajé solamente para el ensayo del fin de semana antes de mi primera presentación en público. Un ensayo de esos monumentales de cinco horas de repetir y repetir hasta que a los maestros les sonara aceptable, decidí bailar cada tema no sólo en preparación para el baile oficial sino porque es una manera de devolverle con esfuerzo aunque sea un poco a esa orquesta que me da el privilegio de pararme con ellos en la misma tarima. Músicos de escuela, de años de experiencia, maestros que acompañaron a grandes, que tocaron en todo el país, que no dejan de ser humildes pero que son conocedores. Agotado como si hubiera corrido una media maratón regresé a casa después de viajar casi todo el día. Así que fue una semana en la que, nervioso como siempre antes de cualquier tipo de presentación, practiqué con ganas no sólo mis temas, en los que soy vocal principal, sino todos los del repertorio. Entradas, pregones, coros, animaciones, mambos, ¡todo! Por falta de preparación no iba a fallar.

Saxo y Percu ensayo

Se llegó la hora del viaje a Popayán, me acompañaba mi hija y un mundo de expectativas y temores. Directo al ensayo final la noche anterior al show, tenía una carga de sensaciones, practicaba las letras, la afinación, visualizaba todo como quería que sucediera, con eso empezamos a ensayar. Tuve la oportunidad de cantar una de las canciones que no canto normalmente pero no había problema, yo estaba listo. ¿El resultado? Frustración total, la letra que se me olvidaba, se me hizo imposible entrar en el momento justo en los pregones y la voz no estaba particularmente aceptable. Me devolví a casa pensando que quizás cantar no era lo mío. Me estaba dando por vencido.

Al día siguiente hablé con el representante del grupo en la mañana, quién no había escuchado el ensayo, y hablando de otros temas me hizo pensar y organizar un poco mis ideas. Fabián me recordó que estamos haciendo algo muy grande, estamos haciendo música con la que la gente baila, se enamora, se divierte, se olvida de lo malo, se transporta a sitios mejores, estamos creando algo hermoso que dejará nuestro nombre escrito en la historia, para algunos o para muchos. Me recordó que yo era parte de eso así que me olvidé del fallido ensayo de la noche anterior y me propuse disfrutar mi debut en la música, así fuera debut y despedida. Cerca de las tres de la tarde nos encontramos con algunos de los músicos para hacer la prueba de sonido y el armado de los equipos: trabajo titánico de mucho cuidado y sudor. Mucha risa, mucho ánimo y mucha camaradería eran el preámbulo de lo que iba a suceder al final del día.

Todos en negro y vino tinto, los metales ensayando, los vocalistas haciendo ejercicios de afinación, utilería dejando todo a punto, los cueros siendo afinados por manos virtuosas y yo en medio de todo con letras dándome vueltas en la cabeza, con esa sensación de vacío en el estómago y con muchas ganas de poder compartir todo eso con la gente que amo. Un par de caras cercanas que fueron clave para dejar ir las primeras sonrisas de la noche, la presentación oficial del locutor y Los Fénix de Colombia iniciando a tocar conmigo al frente. Todo sincronizado, los sonidos convergían armoniosamente haciendo música y lo mejor de todo, mucha gente bailando, mucha gente divirtiéndose y pasando una noche maravillosa.

¨Suenan mejor que los originales¨ dijeron algunos, ¨se les escucha muy limpio¨ dijeron otros, ¨que bien que tocan¨ se escuchó entre la gente. Una primera ronda impecable y para la historia. La orquesta aún no interpretaba ninguno de los temas en los que yo hago la voz principal pero para mí la noche ya había valido la pena. Nos preparamos para hacer uno de los temas nuevos, le cuento a la gente como nace y todo el esfuerzo que hay detrás de una producción nueva mientras pienso en la musa que originó la letra. Pero un inconveniente inesperado nos deja con todo servido, un problema con las partituras de las trompetas nos impide tocar los temas inéditos, un poco de confusión, algo de frustración pero el show debe seguir, entonces se viene Bailaderos…

Una de las canciones con las que crecí, la que quería cantar en tarima, la que me trae a la mente imágenes de los grandes sitios para rumbear en Cali, esos que por esa época yo veía sólo de lejos, de día, con las puertas cerradas pero que aún así me contaban historias de noches inolvidables.

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Los primeros acordes y de mi boca sale el famoso ¨Para los griles, y las casetas¨ que es la primera animación, un silencio instantáneo de los instrumentos para el ¨aquí estamos¨ que da inicio a la parte vocal y se suelta el tema, no hay marcha atrás. Esto es música en vivo.

Tengo tiempo para ver la gente y sus reacciones, no parece que haya nadie que quiera salir corriendo de la sala, el monitor me retorna una voz apurada pero dentro de los estándares mínimos de afinación y la gente baila… cuidado de no equivocarme en la letra, ya me pasó, ojo con el tono de la segunda parte que es más alto, no olvidar las animaciones ni las variaciones en la letra, el gesto que sólo unos pocos en la orquesta entienden y que produce sonrisas cuando canto ¨vámonos pa´l bailadero que esta por allá¨, cierro los ojos para terminar y que no haya ningún error y ahí fue. Mi debut estaba listo.

La noche hubiera podido terminar ahí pero faltaba una experiencia única en mi vida: Hace más de 30 años escuché por primera vez mi orquesta favorita en vivo, era un concierto público y  tocaban una canción que se quedaría en mi corazón para siempre, una que, no sólo a mí sino a todo el que tiene la dicha de llamarse caleño, le toca las fibras y le aprieta el corazón, una que se baila dejando todo en la pista. Y esta noche, después de tantos años y de manera impecable, los Fénix la interpretaban de vuelta; con la voz líder del maestro Chepe Samboní y conmigo en los coros, el segundo himno de Cali, ese que el maestro Jairo Varela parió de manera magistral,  esa que yo canté en muchas ferias del otro lado de la tarima, el mismísimo Cali Pachanguero.

Cómo diría Davinci ¨salió bien pero hay cosas por mejorar¨. Esa es la vida de los músicos: siempre buscando el sonido ideal, la perfección. Fue una noche  de rumba, de mucho trabajo, de muchas semanas y contratiempos resumida y cantada en tres horas por los  Fénix de Colombia.

Los Fénix de Colombia esa buena noche de Mayo alinearon con el maestro Adalberto ¨Flipper¨ Chicaiza en el saxofón. Así lo bautizaría el otro maestro Vicentico Valdez. Junto a él Cristian Muñoz en el otro saxo, Jhon Jairo Campo y Eduin Diaz en las trompetas. Harold Chicaiza en los bongoes, Jose Luis Chicaiza en los timbales, ¨Chepe¨ Wilber Samboní en las congas, Santiago Chicaiza en las cuerdas, Jorge Antonio Chicaiza en el bajo y líder vocal, Eduardo Molina líder vocal, David ¨Davinci¨Cruz en el piano y los coros,  la maestra Maria del Carmen pendiente desde casa en el chat, la dirección general del maestro Jose Antonio ¨Chepe¨Chicaiza y yo, sí, Luis ¨Lucho¨ Salgado en los coros y líder vocal.

Así fue y así quedará recordada esa noche, al menos desde mi memoria. Una noche que cierra una historia que comenzara muchos años atrás, justamente con la misma orquesta ¨del otro lado de la tarima¨.

Feliz fin de semana y no olviden escucharnos

http://www.losfenixdecolombia.com

Abrazos

6 comentarios sobre “Del otro lado de la tarima.

  1. Felicitaciones Ferchito, gracias por compartir tu experiencia, es maravilloso poder estar de los dos lados de la moneda y saber como se siente y se ve el mundo desde las dos perspectivas.
    Creo que uno vibra en las dos posiciones, como publico, como artista, solo que de manera diferente. Que este sea un nuevo comienzo para todos,lleno de sabor, notas, ritmos, alegria; en fin, que viva la musica. Un abrazo y felicitaciones hermanito.

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  2. Felicitaciones por tener la valentía de hacer realidad tus sueños, por la fuerza para construir y vivir lo que disfrutas, por soltar lo que se debe soltar y abrirse a recibir lo que es para ti.
    Me gusta mucho como escribes! HYLT!

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  3. A veces pensamos que los sueños son algo imposible y pero tu me has demostrado que cuando uno tiene enfocada la mente en lo que realmente se desea todo es posible. Que cumplir los sueños es cuestión de esfuerzo, trabajo y más…, al ver lo todo lo que haces para lograrlo, me pusiste a pensar y buscar cual era mi sueño y arriesgarme a empezar el camino que sin importar la edad, los sacrificios, los obstáculos, y sobre todo no contar con apoyo, siempre por encima de todo hay que seguir firme en el camino que nos llevará alcanzar nuestros objetivos. muchas gracias por compartir tus experiencias. felicitaciones!

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    1. Muchísimas gracias a ti por este mensaje tan especial.
      Me alegra haber servido de algo para que te acerques a lo que quieres, cuenta conmigo si quieres compartir algo, que en la medida de mi experiencia te ayudaré en todo lo que pueda.

      Todo lo mejor,
      Luis

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