Hermanos.

Se acerca con la calma que ya es habitual en ella y una sonrisa que viene del fondo de su alma y que no sólo ilumina su cara sino toda la habitación y me dice, felicitaciones Ferchito, estoy muy orgullosa de ti.

                        Octubre 1996

Con poca gente tenemos tantas historias, tantos lazos, tantos secretos compartidos, tantas pilatunas amontonadas en el baúl de los perdones como con tus hermanos; ni siquiera hablo de gemelos o mellizos, hablo de esa afinidad, de esa relación tan estrecha que se crea con risas, llanto, historias, rabietas, peleas, defensas monumentales dignas de abogados notables en frente de tus padres y por supuesto de delaciones gigantescas también:

-¡Mamá, mi hermano me está molestando!

Y es que frente a los demás no necesariamente nos llamamos por el nombre, decimos, mi hermano o mi hermana, usamos esa palabra poderosa que denota camaradería, consanguinidad, que dice ¨lo que es con él o con ella es conmigo¨ y la usamos con orgullo y con mucho amor. Yo tuve la fortuna de tener una mayor que yo (muy a su pesar), porque siempre era la responsable de mis travesuras, y además la alegría de vivir mil historias e historietas con ella. Ella sabe de nuestra ¨Liga de la Justicia¨ de las subidas al bus sin pagar para ir a comer torta de pan después de clase, sabe del primer amor, de la vez que jugando a los bomberos casi quemo todas las sábanas de la casa y sabe de mis primeras lágrimas y mis éxitos y derrotas como profesional; sabe de mis sueños y los acolita pero es psicorrígida como si fuera una madre (peor que una) con alguno de mis excesos de tragos o uno de mis comentarios pasado de tono.  Eso son los hermanos; Daniel Samper Pizano a quién admiro y quién sin duda alguna es la razón por la que yo empecé a escribir en la vida –asumo que él dirá que no tiene la culpa – escribió alguna vez –quizás siendo profeta- en uno de sus libros que a los hermanos se les quiere ¨poco y con desconfianza¨. La verdad es que en su genial mamadera de gallo quizás quiso decir todo lo contrario.

Los hermanos son para toda la vida. Así nos hayan dejado antes, viven en nuestros sobrinos y en nuestros hijos, en sus gestos y en su manera de ser, si se han ido se convierten en ángeles y nos cuidan desde otro lado. Mis amigos entrañables que han pasado por esto pueden confirmar lo que digo. Son entonces para toda la vida y son parte nuestra, constituyen ese abrazo material o espiritual que siempre nos hace falta y que nos gusta recibir, son nuestra escuela para la vida, con ellos aprendemos a defendernos y a practicar la tomadura de pelo típica que usamos con los que amamos:

-¿Qué se siente ser la más vieja?

-Es que eres adoptada, eso lo explica todo.

-Yo salí inteligente y apuesto, tú… saliste como pudiste

Pero todas esas frases están llenas de cariño y del humor que compartimos con ellos.

Quise escribir sobre ella y sobre todos los hermanos que conozco y que se quieren y a pesar de los años mantienen ese amor, también de los que no están físicamente y se extrañan y se sienten cada día, esos son muy importantes también. Quise hacerlo porque son muy especiales y se merecen todo nuestro amor.

Feliz día de los hermanos (¿existe?)

Luis

P.D. A mi querida Nieves que por estos días está hablando como Darth Vader, mi mejor energía y que se recupere pronto.

Agradecimientos:

La foto de Nieves y Hétor se tomó de internet. Un fuerte agradecimiento a @ConsueloLago por toda una generación de crítica maravillosa y bien humorada.