El extraordinario poder del agradecimiento

A pesar de ser un gesto tan poderoso, muchas personas no entienden su efecto y a algunas les cuesta agradecer o incluso recibir agradecimientos.

La palabra gracias no es precisamente una de las más usadas en el idioma español. De hecho decimos más, gobierno, presidente, político y hasta Luis. Sin embargo es una de las palabras que aprendemos primero en nuestro idioma nativo y lo hacemos también cuando aprendemos una lengua nueva. Quizá es porque es una de las que más necesitamos cuando nos exponemos a un ambiente totalmente diferente.

Su uso es cotidiano y hasta rutinario, se ha evaluado desde la óptica de la buena o la mala educación o hasta su connotación en comunidad o en familia. Hay quienes exhiben reglas para definir cuando es apropiado decir o no gracias. Hay reglas de mesa sobre el número de veces apropiado para hacerlo y de su utilización dependiendo del país en el que se esté. Podríamos hacer todo un análisis sobre su uso, pero no es esto lo que quisiera compartir con Uds. El día de hoy; no quiero hablar de acepciones o de buenos modales, mucho menos de etiqueta.

Lo cierto es que agradecer es algo muy simple; decir gracias es la formalización de ese acto, es dejarle saber a los demás o incluso recordándonos a nosotros mismos la gratitud por cualquier circunstancia.

No tiene que pasar nada gigantesco ni necesariamente debe haber un sacrificio para agradecer; se agradecen las cosas pequeñas también. El solo hecho de agradecer en las mañanas por otro día más de vida, por las cosas buenas, por la familia o por los hijos, implica aceptar las cosas maravillosas que tenemos y esto causa ya un efecto importante en nosotros. No importa si le agradecemos a nuestro Dios, a la vida o al universo, internamente eso hace la diferencia en nosotros.

Cuando agradecemos a las personas el efecto es doble porque es especial hacerles sentir que han hecho algo por nosotros o que estamos simplemente felices de que estén a nuestro lado. No se trata de que solo podamos decir gracias cuando nos hacen un favor, o que deba pasar algo significativo. También podemos agradecer el amor o los actos desinteresados que los demás hacen por nosotros. Agradecer es darse cuenta y dejarle saber a los otros que nos sentimos bien con algo que han dicho o hecho, agradecer es entender que estamos recibiendo lo mejor.

Es cierto que la palabra Gracias puede volverse rutinaria, sin embargo no podemos desconocer su poder. Por ejemplo en las estaciones del metro de Londres, en hora pico, cientos de personas te rozan en su afán por llegar a su destino, y la mayoría de ellos se disculpan cuando lo hacen. A pesar de ser un gesto automático, tiene un efecto poderoso en la manera de convivir y sobrellevar las tremendas aglomeraciones que se presentan. Sucede igual cuando decimos gracias. Podemos decirlo muchas veces, pero mientras exista la intención correcta, su efecto siempre será positivo.

Yo uso mucho la palabra gracias y trato de ser muy agradecido con quienes me rodean, con la vida y conmigo mismo. Lo hago con la gente que me ama y agradezco el amor que me dan, porque realmente no agradezco que me amen sino su apoyo, su incondicionalidad, su manera de hacerme sentir bien y querer lo mejor para mí. Me dicen muchas veces que no debo dar tanto las gracias, que hay cosas que no se agradecen. Creo que van a tener que acostumbrarse a escuchar o a leer esa palabra conmigo, porque es mi manera de hacerles saber que siento y recibo de la mejor forma todo lo que me regalan a diario.

Agradecer te reconcilia con el universo y con las personas. Es un acto que contiene humildad, amor, reconocimiento y respeto. Tiene el poder de hacer sentir mejor a los demás y a sí mismos; nos hace mas conscientes de lo que tenemos y de nuestra función en el mundo.

Creo que debemos dejar de pensar tanto en la definición de diccionario de la palabra, brindémosla y ofrezcámosla con generosidad, sin que se vuelva un acto vacío pero sí constante. Agradezcamos más y sobre todo a quienes amamos, a quienes no la esperan. Es una palabra poderosa que representa un acto que nos hace mejores. ¡Usémosla más!

Gracias por leerme y como siempre, déjenme saber sus opiniones.

Feliz fin de semana

Gracias a mi Dani por dejarme usar su foto para portada de esta entrada.

¿Por qué peleamos con los que amamos?

Siempre terminamos hiriendo a las personas que más amamos. Es un acto inexorable de la condición humana.

Ya había escrito sobre este tema en una ocasión anterior, sin embargo es algo recurrente que vuelve una y otra vez a nuestras vidas como un lastre del que no podemos o no nos queremos librar.

Nos enfadamos con los extraños; algunas veces dejamos de hablar con gente que apenas  conocemos y nada realmente cambia en nuestras vidas ni para bien ni para mal. No nos afectan normalmente las cosas que vienen de los demás, pero, como es normal, nos golpea demasiado cualquier cosa que sucede con las personas que amamos y justamente es a ellos a quienes más daño hacemos. Son ellos el blanco de nuestras reacciones o de nuestras crisis.

Hace poco vi un video en las redes sociales en las que el Dalai Lama contaba, a través de una anécdota, lo que era el mal genio para las personas. Contaba el Dalai que hace unos años tenía un auto muy viejo al que siempre le estaba fallando algo. Un conductor, muy bueno y amable de la India que lo acompañaba, se metió debajo del carro para arreglar algo que empezó a molestar. En un momento, mientras luchaba con las partes viejas del carro, el amable conductor se golpeó la cabeza causándose un dolor muy fuerte. Su respuesta inmediata fue la de continuar golpeándose la cabeza contra la parte inferior del vehículo. ¿Cómo entender que esta amable persona continuara golpeándose cuando precisamente era eso lo que le había causado el enojo en primera instancia?

Esto es justamente lo que los seres humanos hacemos en diferentes escalas en nuestras vidas. Nos gusta rumiar lo malo, atormentarnos con el dolor para darnos motivos. Se nos hace imposible dejar ir las cosas y nos quedamos en la espiral de la rabia, la misma que no nos permite darnos cuenta de los problemas, los logros o las necesidades de los demás. Este para mí es el primer problema que tenemos: una vez enojados nos cuesta muchísimo salir de ese estado.

El otro elemento que juega un papel importante en todo esto es que pensamos que tenemos el derecho a enojarnos. ¿Qué significa esto? Creemos que tenemos derechos sobre los demás o que nos pertenecen. A veces pensamos que los demás deben responder de acuerdo a nuestras expectativas. Medimos a los demás de acuerdo a como somos nosotros, pecamos al no ponernos en los zapatos de los demás y no intentamos entender sus comportamientos o reacciones. Este es un tema de inteligencia emocional.

También nos sucede que nos volvemos inflexibles y reaccionamos ante cualquier cosa como si fuera algo inaceptable. Normalmente no actuamos teniendo en cuenta los eventos más recientes sino toda la historia de cosas que nos han molestado. No olvidamos.

¿Cómo ser imparciales, justos o benévolos en nuestra manera de reaccionar, si tenemos todas estas variables afectando nuestras decisiones?

  • Nos afecta mucho lo que haga la gente que amamos y con ellos estallamos
  • Nos gusta rumiar lo malo para darnos motivos y así justificar nuestra rabia
  • Creemos que tenemos el derecho de enojarnos
  • Jamás olvidamos

Hace mucho entendí que nadie gana realmente una discusión y que las cosas que nos hacen daño nunca se olvidan. Entendí que en las discusiones solo nos hacemos más débiles y deterioramos las relaciones; que es imposible convencer a alguien si esa persona no quiere ser convencida o siente fuertemente dentro de sí que tiene la razón.

También he tratado de evitar las reacciones que provienen del estómago, sobre todo esas llenas de ira. Porque en esas palabras que se dicen o los actos que siguen a la rabia, son los que hieren a los que amamos y nos hacen desconocer sus cosas buenas.

También he decidido estar. Esto significa que justamente después de una pelea, es importante quedarse para la gente que amamos, escuchar y tratar de entender como son sus propias reaciones.

Sin embargo no lo he logrado. Mis pequeños logros parecen desvanecerse cuando las cosas que me molestan por más insignificantes que sean, terminan por derumbar la calma que me ha costado tanto mantener. Lo único bueno de todo este proceso es que soy conciente de la situación y que sigo tratando. Creo que mientras uno quiera intentarlo siempre van a existir posibilidades, aunque en ese intentar se pierdan personas valiosas para siempre.

Mi consejo, como finalizaba el Dalai Lama su charla, es que si se golpearon la cabeza, eviten seguir haciéndolo. Empiecen con pequeñas cosas, controlen la primera reacción. Hablen de como se sienten, y paso a paso, día a día, empezarán a hacer de su control un hábito y la rabia podrá ser finalmente desterrada de sus corazones.

Les deseo todo lo mejor y un gran fin de semana.

Compartan sus propias experiencias.

Fuerte abrazo,

Luis

 

!Celebrar la vida!

Celebrar la vida.

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Hace poco tuve la oportunidad de escuchar unas palabras con un mensaje simple pero poderoso, quizás porque en lo simple habita la belleza, porque aquel que es capaz de pasar su mensaje libre de ambigüedades logra tocar nuestras fibras y en este caso, el mensaje era fundamental, sencillo pero muy importante.

Se trataba de recordar a alguien que no está más con nosotros, pero en lugar de recordar la muerte, el propósito fue celebrar la vida y las palabras que precedieron la ceremonia estaban cargadas de una verdad tan evidente, que al oírlas se hacía obvio lo que había que hacer, nos sorprendía la claridad pero más lo hacía el hecho de que estábamos entendiendo que  la mayoría de nosotros pasamos nuestras vidas preocupados por cosas sin importancia y nos olvidamos de vivir; nos creamos problemas y angustias y se nos pasa el tiempo tratando de resolverlos, estábamos escuchando algo que ya sabemos pero que no por ser obvio sea algo que pongamos en práctica.

Quiero compartir algunos apartes del mensaje:

¨… Porque es un privilegio tener vida, y no la desperdiciemos preocupándonos, entristeciéndonos, enojados, no la desperdiciemos, la vida es muy corta. Si mañana morimos, ¿qué huella vamos a dejar? Personalmente, lo que yo recuerdo de mi mamá son sus abrazos, sus sonrisas, las noches que pasamos picando todo cuando hacíamos algún almuerzo … son esas cositas que uno recuerda, son los abrazos, son las sonrisas, son los momentos bonitos. Uno no recuerda la ropa, no recuerda las casas, uno no recuerda nada (de eso), si a Uds. Ya a todos se les murió alguien yo creo que me dan la razón; lo que uno recuerda son los momentos verdaderos, es el amor compartido, son las sonrisas.

Entonces, pienso que… aprovechemos que tenemos el privilegio de vivir para disfrutar la vida, aquí vinimos a ser felices, estoy seguro que el dios que tenemos, el creador de tanta sabiduría  no nos trajo a este mundo a sufrir; ¡entonces si podemos! Si podemos ser felices independiente (mente) de nuestras circunstancias, estoy completamente segura.

¿Quién dijo que uno tiene que solucionar todos sus problemas para ser feliz? ¡No! Podemos ser felices con todos los problemas que tengamos, pero no es fácil, hay que trabajar. Entonces, mi invitación es a que…aprovechemos esta vida, a que… sí toca duro, pero sí se puede salir de tristezas, depresiones, preocupaciones y disfrutar, admiremos la belleza, conectemos con lo que sí tenemos… Entonces, esa es la invitación que les hago hoy, los quiero mucho y gracias por venir.¨

Los aplausos irrumpieron callando una guitarra que tímida acompañaba de fondo las palabras y todos de alguna manera asintieron dentro de sí mismos.

Mi reflexión, lo que me queda muy dentro es que la vida es corta y nuestra única tarea debe ser vivir, disfrutar de los que nos rodean, aprovecharlos al máximo, no dejar de decirles que los amamos, no dejar de abrazarlos, no esperar al después porque quizás nunca llegue. No hay que dejar los reconocimientos ni los besos para cuando la muerte llega porque entonces ya no tendrán sentido, se volverán monumentos huecos al recuerdo; es mejor cultivar memorias, nutrirse de esos momentos valiosos que nacen en abrazos interminables, en miradas a los ojos sin hablar, en apretones de mano que gritan sin palabras lo que sentimos. Usen cada segundo para celebrar la vida, cada respiración para sentir y hacer sentir a la gente que amas, justamente eso: que los amas. No te quedes con nada, no te guardes, sal a darlo todo, el riesgo es vivir y a eso vinimos.

¿Cómo celebran la vida?

Todo lo mejor y celebren la vida.

Luis