¿Por qué peleamos con los que amamos?

Siempre terminamos hiriendo a las personas que más amamos. Es un acto inexorable de la condición humana.

Ya había escrito sobre este tema en una ocasión anterior, sin embargo es algo recurrente que vuelve una y otra vez a nuestras vidas como un lastre del que no podemos o no nos queremos librar.

Nos enfadamos con los extraños; algunas veces dejamos de hablar con gente que apenas  conocemos y nada realmente cambia en nuestras vidas ni para bien ni para mal. No nos afectan normalmente las cosas que vienen de los demás, pero, como es normal, nos golpea demasiado cualquier cosa que sucede con las personas que amamos y justamente es a ellos a quienes más daño hacemos. Son ellos el blanco de nuestras reacciones o de nuestras crisis.

Hace poco vi un video en las redes sociales en las que el Dalai Lama contaba, a través de una anécdota, lo que era el mal genio para las personas. Contaba el Dalai que hace unos años tenía un auto muy viejo al que siempre le estaba fallando algo. Un conductor, muy bueno y amable de la India que lo acompañaba, se metió debajo del carro para arreglar algo que empezó a molestar. En un momento, mientras luchaba con las partes viejas del carro, el amable conductor se golpeó la cabeza causándose un dolor muy fuerte. Su respuesta inmediata fue la de continuar golpeándose la cabeza contra la parte inferior del vehículo. ¿Cómo entender que esta amable persona continuara golpeándose cuando precisamente era eso lo que le había causado el enojo en primera instancia?

Esto es justamente lo que los seres humanos hacemos en diferentes escalas en nuestras vidas. Nos gusta rumiar lo malo, atormentarnos con el dolor para darnos motivos. Se nos hace imposible dejar ir las cosas y nos quedamos en la espiral de la rabia, la misma que no nos permite darnos cuenta de los problemas, los logros o las necesidades de los demás. Este para mí es el primer problema que tenemos: una vez enojados nos cuesta muchísimo salir de ese estado.

El otro elemento que juega un papel importante en todo esto es que pensamos que tenemos el derecho a enojarnos. ¿Qué significa esto? Creemos que tenemos derechos sobre los demás o que nos pertenecen. A veces pensamos que los demás deben responder de acuerdo a nuestras expectativas. Medimos a los demás de acuerdo a como somos nosotros, pecamos al no ponernos en los zapatos de los demás y no intentamos entender sus comportamientos o reacciones. Este es un tema de inteligencia emocional.

También nos sucede que nos volvemos inflexibles y reaccionamos ante cualquier cosa como si fuera algo inaceptable. Normalmente no actuamos teniendo en cuenta los eventos más recientes sino toda la historia de cosas que nos han molestado. No olvidamos.

¿Cómo ser imparciales, justos o benévolos en nuestra manera de reaccionar, si tenemos todas estas variables afectando nuestras decisiones?

  • Nos afecta mucho lo que haga la gente que amamos y con ellos estallamos
  • Nos gusta rumiar lo malo para darnos motivos y así justificar nuestra rabia
  • Creemos que tenemos el derecho de enojarnos
  • Jamás olvidamos

Hace mucho entendí que nadie gana realmente una discusión y que las cosas que nos hacen daño nunca se olvidan. Entendí que en las discusiones solo nos hacemos más débiles y deterioramos las relaciones; que es imposible convencer a alguien si esa persona no quiere ser convencida o siente fuertemente dentro de sí que tiene la razón.

También he tratado de evitar las reacciones que provienen del estómago, sobre todo esas llenas de ira. Porque en esas palabras que se dicen o los actos que siguen a la rabia, son los que hieren a los que amamos y nos hacen desconocer sus cosas buenas.

También he decidido estar. Esto significa que justamente después de una pelea, es importante quedarse para la gente que amamos, escuchar y tratar de entender como son sus propias reaciones.

Sin embargo no lo he logrado. Mis pequeños logros parecen desvanecerse cuando las cosas que me molestan por más insignificantes que sean, terminan por derumbar la calma que me ha costado tanto mantener. Lo único bueno de todo este proceso es que soy conciente de la situación y que sigo tratando. Creo que mientras uno quiera intentarlo siempre van a existir posibilidades, aunque en ese intentar se pierdan personas valiosas para siempre.

Mi consejo, como finalizaba el Dalai Lama su charla, es que si se golpearon la cabeza, eviten seguir haciéndolo. Empiecen con pequeñas cosas, controlen la primera reacción. Hablen de como se sienten, y paso a paso, día a día, empezarán a hacer de su control un hábito y la rabia podrá ser finalmente desterrada de sus corazones.

Les deseo todo lo mejor y un gran fin de semana.

Compartan sus propias experiencias.

Fuerte abrazo,

Luis

 

En busca de la felicidad.

¨Es difícil hallar la felicidad dentro de uno mismo, pero es imposible hallarla en cualquier otro lugar¨

Arthur Schopenhauer

Estoy seguro de que todas las herramientas para lograr la felicidad están dentro de cada uno de nosotros; también creo que no se debe buscar la felicidad como un estado constante de alegría, pues pienso que la felicidad está profundamente asociada con otros factores que, además, actúan de manera diferente en cada uno de nosotros. No depende de los bienes materiales ni de la sabiduría, tampoco de tener muchas personas a nuestro alrededor o de conocer muchos lugares, menos de la edad. Definitivamente creo que tiene que ver en primer lugar con estar en paz consigo mismo; después, es cuestión de organizar nuestras prioridades y expectativas y tener claro lo que queremos con todas nuestras fuerzas.

No hay una receta universal para ser feliz. Hay miles de libros y artículos que hablan sobre como tener éxito o que nos presentan a grandes líderes como referentes en el tema de la felicidad. Sin embargo, y a mi manera de ver las cosas, no existe un solo camino para llegar a ella. Son diferentes los retos y las pasiones que nos mueven en la vida. Tampoco se debe crear una presión excesiva en busca de ser feliz, mucho menos inculcar en los niños esa necesidad por estar bien todo el tiempo. La vida, como una montaña rusa, nos trae subidas y bajadas, risas, lágrimas, sorpresas, noticias y la mejor manera para afrontarla no es tratar de sonreír todo el tiempo, sino aprovechar todas las experiencias de la mejor manera posible. Se aprenden muchísimas cosas de lo bueno y el doble de ellas de lo malo.

Permítanme compartir con Uds. Algunos ejemplos sencillos:

Bruno es un niño de cinco años que no se guarda sonrisas; se maravilla con todo lo que le regalan, ama el pastel de chocolate y juega todo el tiempo aun cuando hace sus deberes. Hay una enseñanza muy grande en su manera de recibir los regalos: ¡se alegra! Se emociona con todo de manera que disfruta todo lo que le dan. No compara, aunque le gustan los autos azules, todo es bienvenido; ve en cada detalle un motivo para agradecer y para sonreír, le da a cada cosa el valor espiritual de quien la recibe por encima del valor material. Si todos lográramos mantenernos de la misma manera y ver en cada regalo de la vida algo maravilloso, también sonreiríamos más y nos decepcionaríamos menos.

Annie es una adolescente que ha aprendido mucho de sí misma. Se ha adaptado a ambientes diferentes y tiene una filosofía de vida muy simple: multiplica por cero todo lo que no le hace bien. Claro que a veces le afectan las cosas, la vida trae cosas positivas y otras no tan buenas de vez en cuando, pero ella ha aprendido a no quedarse en lo negativo, a moverse rápido y rodearse de personas y de experiencias que le aporten. Si cada uno de nosotros hiciera lo mismo y dejara de dar círculos sobre los errores cometidos o las decepciones vividas, tendríamos más tiempo para perseguir lo positivo y alimentarnos de solo buena información.

Carlos tiene 72 años y es el hombre más tranquilo que conozco. Le gusta viajar, comer su plato favorito, le encanta el cine, el dinero y vivir bien. Con estos gustos uno podría pensar que siempre ha perseguido una situación económica boyante. Carlos, sin embargo, no es un hombre adinerado. Su éxito radica en manejar adecuadamente sus expectativas. Disfruta plenamente de cada oportunidad, no sufre por lo que no tiene ni atesora las cosas materiales más de lo que debe. Está en paz; esa tranquilidad le permite despojarse del dolor que causan los apegos y apreciar cada situación de la mejor manera posible.

Son muchas las personas que a lo largo de mi vida me han enseñado que con pequeños detalles se construye tranquilidad y que esta, da origen a la felicidad. No todas estas enseñanzas han sido filosofías de vida. Tengo amigos que se ponen retos a diario para mejorar su condición física, otros que encuentran en la música la mejor aliada para sobrellevar todos sus estados de ánimo. Conozco personas que a través de su fe han encontrado la forma de enfrentar el dolor y sobreponerse a él.  Hay quienes dejaron todo por buscar sus pasiones, los que a través de enseñarle a los demás se conocen ellos mismos. Ninguno de ellos es feliz completamente, porque creo que ese estado no es permanente, pero todos tienen en común una cosa: han podido encontrar dentro de sí mismos la manera de disfrutar lo que son y lo que hacen, y por ende están más cerca de ser felices.

Hace mucho no escribía por diferentes razones. Quise escoger este tema porque me parece muy importante compartir algunas de las lecciones que he aprendido sobre la felicidad. Es un tema muy amplio y muy complejo, no hay recetas ni pociones mágicas, pero si les puedo asegurar que dentro de Uds. Está todo lo que necesitan para ser felices.

Gracias por visitar el blog y por leerme; espero que me cuenten sus propias experiencias y cómo están trabajando para lograr la felicidad.

Fuerte abrazo,

Luis

¡Vacaciones!

Uno de los momentos más esperados del año; cuando el celular deja de sonar, cuando el teléfono no te levanta sino que tú lo despiertas a él, cuando el tiempo avanza más lento, cuando nos vamos de vacaciones.

Los de tierra fría buscan la playa, los de tierra caliente se van a la montaña; aeropuertos, terminales, carreteras, hoteles, todo se llena de millones de personas que buscan salir de la rutina, cambiar de ambiente, conocer, disfrutar de otros lugares, tomar vacaciones aunque haya que descansar después de llegar del viaje.

La sensación irremplazable de hacer maleta, de tomar carretera o de ir camino al aeropuerto no puede opacarse con nada, ni las filas, ni los retrasos, ni los precios altos, salimos a divertirnos y nos divertimos cueste lo que cueste. A veces con amigos, a veces en familia o simplemente en compañía de un buen libro, decidimos dejar nuestra vida diaria por unos días para llenarnos de experiencias, de imágenes, de recuerdos. Porque al fin de cuentas eso es lo que vale, todo lo material que atesoramos puede irse en un abrir y cerrar de ojos, pero los atardeceres, los bailes, las risas, los sabores, los amigos que conocemos cuando viajamos se quedan guardados en nuestra mente para siempre. Yo aún tengo recuerdos de mis vacaciones de niño; normalmente con la familia, íbamos a la playa por los famosos cinco días y cuatro noches. Eran mis encuentros con el mar y el olor a sal, el olor al aire acondicionado de los almacenes y de los hoteles, la comida con sabor diferente, la música en vivo. Todas esas experiencias que nutrían mis charlas con amigos cuando regresaba, eran la respuesta elaborada de ¿Dónde fuiste de vacaciones?

¿Qué es lo delicioso de salir de vacaciones? Hacer una pausa, un alto, un cambio. Nos regalamos un descanso en los pensamientos, en las emociones, nos regalamos mucho aprendizaje, mucha información. Las vacaciones son recarga de energías, así lleguemos físicamente agotados, son inspiración, son sonrisas que nos atacan a solas, son el tiempo mágico en el que valoramos precisamente eso: nuestro tiempo, los momentos de calidad que nos regalamos.

Yo ya llevo varios meses de vacaciones, porque como leí hace poco, cuando uno hace lo que le gusta no tiene que volver a trabajar ningún día de su vida. Así que yo no trabajo, yo hago lo que me encanta, divido mi tiempo entre la pasión por la música, la escritura y correr, aprecio cada aliento y cada minuto de vida, lo disfruto, no tomo nada a la carrera pero tampoco dejo pasar las cosas importantes.

Igual me voy de vacaciones, a llenarme de sueños, a recargar la imaginación, a probar sabores nuevos, a refrescar la mente que con seguridad seguirá aferrada a sus memorias pero que renovará imágenes, me voy a disfrutar de unos días a otra velocidad, con otro ritmo, con otro sabor. ¡Ya les contaré!

Y Uds. ¿Qué van a hacer estas vacaciones?

Feliz fin de semana largo

Luis

Sueños

Hace muchos, pero muchos años en un lugar muy cercano, vivía un pequeño humano (yo), que se fijó en la cabeza tres cosas que quería lograr en la vida.

  1. Viajar en avión
  2. Conocer el mar
  3. Comprar una casa de 100 millones

A los doce años viajé por primera vez en un ATR de Aces en la ruta Cali – Ipiales en un viaje que continuaría por tierra hasta Quito. A los catorce y con el patrocinio de los quince de mi hermana, conocí el mar y no cualquier mar, el mar de los siete colores de San Andrés, ósea que a los quince años dos de mis sueños se habían realizado, hubiera podido retirarme.

En esa época no soñaba con escribir o con cantar en una orquesta (aunque recuerdo que esa imagen era parte recurrente de mis pensamientos) ni con trabajar en una multinacional, eran tiempos en los que pensaba en cosas diferentes. Recuerdo que quería una casa de fachada blanca y recuerdo el valor, no por algo en particular sino porque esa era una cifra, aún lo es, bastante grande para mí; Hubiera podido decir 17 40 o lo que fuera, pero tenía en mi mente mi casa blanca de 100 millones.

El tiempo, la perseverancia y el trabajo duro me han dado la posibilidad de hacer realidad esos sueños de infancia; soñé con trabajar en una empresa donde pudiera viajar, conocer y tener un buen sueldo y logré acabar dos pasaportes en mis primeros dos años de trabajo. Nadé en todos los mares que conocí en diferentes continentes, -está bien, al menos probé el agua en los que estaban helados- y con el tiempo compré la casa que quería. De fachada blanca, por supuesto.

Pero creo que lo más importante es que nunca dejé de soñar,  de ponerme metas aún más retadoras, de cambiar mis pasiones y perseguirlas. Quise correr una carrera atlética, quise un caballo de paso campeón, quise escribir un libro, quise componer canciones y ahora quiero un concierto a reventar en la feria de Cali donde yo esté en la tarima y no en las gradas y finalmente un Grammy.

Creo que es vital tener sueños; Fernando Pessoa alguna vez escribió que ¨el hombre es del tamaño de sus sueños¨ y es totalmente cierto. Si no tenemos sueños morimos de alguna manera, sin sueños no hay ideas, ni hechos, ni inventos, ni aventuras.

¿Es posible vivir sin sueños?

Una amiga mía me argumentaba que es posible vivir sin ellos y yo le respondía que no lo es. Le decía que no todos los sueños involucran el dinero, la fama o la gloria, que hay sueños pequeños pero sueños al fin; alguien a quien yo admiro mucho por su tenacidad y trabajo duro sueña con tener dinero para ir y comprarse lo que quiera en un centro comercial, conozco gente que sueña con vivir frente al mar, algunos que sueñan con tener una aventura en su vida, pero realmente no he conocido a alguien que no tenga un sueño, uno al menos. Hoy creo que si se puede vivir sin respuestas toda una vida, también se puede vivir sin soñar y eso es triste, así que espero que no haya muchos de esos casos.

Cualquier persona que haya logrado el éxito en alguna de sus formas les dirá que necesitó al menos tres cosas:

  1. Tener un sueño
  2. Luchar para hacerlo realidad
  3. No rendirse a la primera caída

Se vale soñar, se vale querer algo con todas las fuerzas, se vale arriesgar. Es necesario trabajar duro porque nada es gratis, es necesario luchar sin tregua porque la recompensa es mayor. Y hay que levantarse si caemos porque la vida sólo le da oportunidades a los que aprenden de los errores y de las derrotas.

Así que si sienten que la vida los está dejando atrás y que cuándo se preguntan por sus sueños no tienen una respuesta clara, les propongo que hagan una pausa y re-planteen sus días, vayan al baúl de las memorias y recuerden qué los mueve, qué los apasiona y permítanse soñar con eso. Si por el contrario saben lo que desean y lo visualizan claramente, no desfallezcan jamás hasta lograr lo que quieren, la vida les guarda oportunidades pero no regala nada, así que hay que levantarse y actuar. Y si en este momento tienen miedo, perdieron el plan de vuelo, temen lo que viene en el futuro, aprieten los dientes y luchen, hagan correcciones, redefinan sus metas de manera que tengan triunfos más temprano, pero sobre todo, sepan que se vale tener miedo pero es inaceptable claudicar ante él.

¿Se puede vivir sin sueños?

¿Quién se anima a compartir sus sueños con nosotros en este blog?

Todo lo mejor y feliz fin de semana,

Luis

 

Olvido

Si olvidar fuera tan fácil entonces quizás esa palabra no existiera en el diccionario.

No se olvida nada de lo que se ha vivido y todo lo vivido deja huellas en nosotros, a veces profundas, a veces casi invisibles pero siempre están ahí.

Estas frases parecían retumbar en su cabeza desde el medio día de ese jueves; en un inesperado desenlace de eventos ella había decidido no venir. Era totalmente sorpresivo. Esas cosas se ven llegar, se empiezan a sentir en el pecho y en el vacío en el estómago, pero esta vez  no. Quizás él sólo quiso creer que ese día nunca llegaría y decidió que se postergaría de manera indefinida, pero ella tenía otros planes.

La conversación fue corta, después de dos frases que fueron como abrebocas a la letal resolución emitida sin titubeos, lo demás fue sólo protocolo. No había mucho para decir y él no pudo decir nada tampoco, era obvio que ella tendría sus razones y no era ni el momento ni la situación para argumentar, sólo se mostró sorprendido, no lo esperaba ese día, son de las cosas que uno nunca se espera.

Después de unos instantes el vacío se hizo abismal,  las piernas le temblaban y tuvo que sentarse por un momento para encontrar algo de calma; su pulso estaba acelerado y las lágrimas se agolpaban en el borde de sus ojos hasta que estallaron buscando salida desconsoladamente. En una mala jugada de su mente que le provocó un cambio intenso de sentimientos, las memorias lo atiborraron de historias y se dijo a si mismo que eso simplemente no podía estar pasando. Era imposible, ¿Qué se supone que iba a hacer? Buscó razones y no encontró ninguna o por lo menos ninguna válida. Simplemente no podía ser; se acercó hasta el bar y dispuso un vaso corto de cristal, tomó una de sus botella preferidas de whisky, lo pensó unos segundos y dejando el vaso de lado se apuró un trago largo directamente de la botella; el licor pasó por su cuerpo cumpliendo con el efecto deseado: rasgó todo a su paso y revolvió su vientre con violencia, el trago le produjo el ansiado resultado de reemplazar el dolor del alma por uno físico, uno que pudiera quitarse luego. ¡No puede ser! Exclamó.

Con el tiempo y miles de tragos más empezó a sentir algo que quizás le iba a ayudar en toda esa situación: se molestó profundamente por sentirse como el único culpable. Al fin de cuentas estas cosas terminan pasando por algo. ¿Por qué él tendría que cargar con toda la culpa? Él sentía que había hecho todo su esfuerzo, que si bien no había dado todo de sí, por lo menos y dentro de sus posibilidades había agotado todas las opciones y estaba apostando porque todo funcionara. Eso definitivamente no era suficiente para la vida y eso también terminó por ofuscarlo. Cada mañana se levantaba y buscaba esas últimas palabras que le recordaban su decisión de no estar ahí con él. Se recargaba de motivos para no flaquear, odió todo y a todos, le recriminó al cielo la injusticia y se declaró exiliado. Cuando su mente estaba por traicionarlo acudía a las últimas palabras y con el sentimiento de ira que cada vez se hacía más débil, pasaban los días, aunque ese esquivo propósito de olvidar aún estaba lejos de cumplirse.

Cuando la rabia terminó por abandonar su mente y de nada parecían servir los recuerdos negativos que se creaba y su pelea con el universo, se encontró solo una tarde y decidió hacer la paz consigo mismo. Entendió que era definitivo, que a pesar de no poder olvidarla, ella parecía haber seguido con su vida, una de la que él  ya no era parte, una que extrañaba con todas su fuerzas; sintió de nuevo un vacío doloroso, sintió que tenía que pararse o se iba a quedar de por vida prostrado sin volver a sonreír. Decidió perdonarse por todos los errores que pudo haber cometido, le pidió perdón por el daño que pudo haberle hecho y la perdonó por no quedarse, por tener otros planes. Quiso comprender en medio del dolor que aún lo embargaba que hay historias que están escritas y que se hicieron para ser cumplidas. Buscó en su Dios consuelo y en la oración un hombro para llorar y un amigo para ser escuchado. Decidió finalmente negociar consigo mismo y con el universo un cese a todas las hostilidades.

Los meses habían pasado y despojado del orgullo y de la rabia se encontró lleno de dolor, ensimismado, absorto. No salía mucho y cuando lo hacía, pocas veces interactuaba con la gente. Se acostumbró a encontrar excusas para no aceptar, se dijo enfermo, ocupado, poco interesado para rechazar todo lo que le proponían. Cada vez más, buscaba en sí mismo la fuerza para salir de ese abismo donde parecía hundirse sin remedio. Una tristeza infinita deambulaba por su cuerpo, le partía los huesos en un rictus agónico que le hacía prácticamente imposible respirar. Sabía que estaba en una espiral descendente pero también entendía que aún no había llegado al final. Desprovisto de cualquier otro sentimiento que no fuera dolor, siguió buscando ese fondo que sirviera como resorte para por fin y de una buena vez por todas rebotar a la superficie. Sabía que estaba jugando con un enemigo peligroso, sabía que en cualquier momento podía quedarse a vivir en la tristeza y no volver jamás. Esa certeza le ayudó a tener siempre un referente, una esperanza, algo que lo ligara a este mundo y a todo lo que aún le faltaba por vivir; así, de la mano de su esperanza y con el corazón hecho añicos, empezó a sanarse.

Eran las seis de la mañana y mientras leía las noticias en su teléfono y agotaba a sorbos la taza de café caliente, la recordó de nuevo. Le pareció escuchar su risa y sentir su abrazo con el que lo sorprendía cada nuevo día. Esta vez sin embargo, no sintió esa punzada que parecía crearse en su estómago y volar hacía su cerebro no sin antes recorrerle todo el cuerpo. Por primera vez en mucho tiempo vio su propio reflejo en la pantalla del celular sin esbozar una mueca de tristeza o sin el ceño fruncido por la rabia. Se vio tranquilo, en paz. Dejó escapar una sonrisa leve que quiso apagar rápidamente como si tuviera temor de traicionar sus recuerdos. ¿Sería posible que hubiera olvidado? ¿Sería acaso posible que hubiera desaparecido todo aquello por lo que pasó en el último año y mágicamente haber arrancado su mente de cero? En unos instantes de confusión volvió a experimentar todos aquellos sentimientos que ya se habían hecho tan frecuentes en él: su completo rechazo a todo lo que había pasado, su rabia con todo el universo, la tregua a la que había llegado consigo mismo después de muchas noches en vela, la profunda tristeza que lo había llevado casi a abandonarse y esta sensación extraña de recordar todo pero con otra óptica, con otro vestido, con otra manera de verse y verlo todo. Jamás podría olvidar pero no era eso lo que buscaba y por fin lo había entendido: ¡Quería sanarse! Era ineludible sentir dolor, tener nostalgia, extrañarla más que a cualquier cosa en este mundo; no buscaba olvidarla, quería recordarla en paz, desearle lo mejor y seguramente encontrarla más adelante.

 

Maestros

De todos podemos aprender algo y terriblemente equivocado está el que cree que ya lo sabe todo. La vida te da la oportunidad en cada segundo de descubrir y entender cosas nuevas, a veces basta sólo con poner atención y las respuestas empiezan a revelarse por sí solas.

En esta etapa de mi vida en la que me debato entre hacer realidad los sueños y volver a la zona de confort que ya conozco, se hacen evidentes las personas con una presencia espiritual superior, aquellos con habilidades superlativas en lo que hacen y de otros cuyo esfuerzo mueve el mundo. Todos ellos son Maestros.

No sólo el catedrático es maestro; ellos por supuesto son en la mayoría de los casos la muestra fehaciente de sacrificio y dedicación: ¨La profe¨ por ejemplo, se cansó de enseñar a leer y escribir a hijos, nietos, familia y amigos. Su método paciente y amoroso era el reflejo de una vida en la que dio todo lo que pudo por los demás sin esperar ningún reconocimiento, ella fue maestra de luz primero en su alma y eso le hizo fácil ser maestra en el salón de clase.

Maestra aquella que desde la tranquilidad de su práctica ve las cosas de una manera simple pero profunda. Siempre presta a escuchar y a acompañar a aquellos que la necesitan; aún con sus debates internos y en la lucha por hacer de lo que hace algo masivo, pero en el camino correcto  a lograr lo que tiene dibujado en su mente.

Maestros los que  interpretan y entienden  la música como parte de sí, son los que escuchan los sonidos de la naturaleza y pueden descifrar todas las tonalidades y no sólo su estructura sino su significado. Son aquellos para los que una partitura es sólo el reflejo de los sentimientos, la creatividad y la imaginación hechas papel. Son los que pueden descifrar una letra y vestirla con notas, son los que hacen magia en forma de canciones.

Maestros los que bailan y han hecho de su pasión un referente para los demás, los que creyeron en sus pies (su corazón) y se dedicaron a mostrarle al mundo la rapidez, la cadencia, la sensualidad, el vértigo, la coordinación y la excelencia de un movimiento en una tarima.

Maestros los padres y los abuelos que te hablan desde la experiencia, maestros los que conectan el alma con la razón y comparten con humildad lo que crece dentro de sus corazones en forma de arte; maestros aquellos que desde la sabiduría que da haber vivido te venden una fruta y te dan una lección de vida o te cuentan una historia o una anécdota que vale oro. Maestra la chef que no sigue recetas sino el instinto desarrollado a través del amor por lo que hace, maestro el que te hace reír desde la soledad de un escenario, maestro el que escribe dejando volar la imaginación y lejos de los prejuicios dejándote ver su interior sin temores para que lo conozcas, maestra la vendedora de comida que agotada aún tiene tiempo para hacer feliz a alguien más con su comida.

Rodeado de ellos te sientes creativo, fuerte, sintonizado, confías en que hay algo más que fanatismo o luchas sin sentido, que hay una esperanza para borrar la corrupción y la maldad y que todos tenemos en nuestro sino crecer y ser mejores.

A mis maestros de infancia y de ahora mi más profundo agradecimiento, la vida está llena de maestros y yo estoy feliz por tener muchos a mi lado.

Todo lo mejor

Luis

Maestro,

Que se destaca por su perfección y relevancia dentro de su género

Persona que enseña o forma, especialmente aquella de la que se reciben enseñanzas muy valiosas

Fuente: www.google.com

 

¡Mis procesos y yo!

 

 

 

No hace mucho tiempo una voz llegó a mi cabeza diciéndome: ¡no puedes seguir así, tienes que cambiar!

Esta voz me decía que había algo en mí que no me dejaba avanzar, que  estaba desperdiciando los mejores años de mi vida, que el éxito personal no estaba llegando,  que era hora de actuar  y dejar de sufrir como consecuencia de mis conductas y sentimientos, las cuales yo creía que  eran buenas y que no tenía por qué cambiar.

Pero decidí dar un paso adelante y empecé a buscar respuestas, encontré que podemos tener una distorsión de nuestra imagen o tener la creencia de que somos superiores o inferiores a lo que somos en realidad. Es una mezcla entre lo que somos, lo que queremos ser y lo que quieren los demás que seamos.

Para luchar con nuestros deseos y nuestros límites está el Ego. Sin entrar mucho en detalles, el Ego es creado desde el día en que nacemos, desde ese momento empezamos a llenarnos de un montón de creencias que tienen mucho que ver con el entorno social, familiar y educativo en el que hemos nacido, igualmente donde se nos hace creer que estamos aquí para tener éxito a través de la compra de un auto último modelo,  una casa enorme, dinero por montones, y muchas otras cosas materiales.

Pero sólo cuando sientes esa insatisfacción, desesperación, tristeza o cualquier otro tipo de sentimiento que nos hace tocar fondo, es cuando  empiezas a observarte a ti mismo e identificas todas esas conductas que nos afectan, entonces podemos descubrir quiénes somos en realidad, y empiezas a experimentar un nivel de conciencia de lo que te está pasando y es allí en ese preciso instante que sientes despertar.

En mi caso había  pasado años construyendo esa imagen de mi Ego, viviendo dentro de ella, y reforzándola, y después de tantos años por fin tenía algo claro:  ese cambio me tomaría tiempo y  práctica pero había que hacerlo. Entonces, inicié mi transformación con una pregunta:

¿Hasta cuándo vas a permitir que tus sentimientos te sigan ocasionando infelicidad?

Para llegar a la respuesta me hice primero varios planteamientos.

A veces sin saberlo, nos creemos el ombligo del mundo, el centro del universo; empezamos a tener conductas que dependen de los demás, esto es, que los  demás se comporten como yo quiero,  que tendremos un buen día si me tratan bien,    si la economía o la salud del país mejora etc. Sin embargo cuando ocurre  lo contrario y el día no resulta como lo pensamos, entonces nos molestamos, lo convertimos en un problema y generamos un nivel de malestar enorme.

Nuestro Ego se mortifica por esa insatisfacción ese  sufrimiento que permanece en nosotros,   gracias a ese malestar,   culpamos  a los demás y esperamos que  el otro sea el que cambie para  poder ser felices y si no, seguiremos en  conflicto permanente al no podernos quitarnos la venda de los ojos y mirarnos al espejo –un espejo a veces no es físico- para vernos realmente como somos.

Es muy difícil de aceptar cuando  tenemos conflictos con los demás, pero es muy fácil solucionarlos, sólo es tomarse un momento para entender lo que ha sucedido y comprender que actuamos desde nuestro Ego,  todos tenemos  la capacidad de reaccionar y la  habilidad de responder de la manera  más sabia, tampoco tenemos idea de la batalla interna que tienen las otras personas y por eso su reacción.

Después de entender todo esto, me declaré en proceso de aprendizaje, lento pero seguro; más consiente de  la calidad de pensamientos que pasan por mi cabeza y sin darle tanta importancia a las situaciones externas; dispuesta a prestar atención a la complicada tarea de conocerme a mí misma, porque  sé que siempre puedo modificar mi actitud frente a los hechos y modificarlos de tal manera que me brinde bienestar para mí y para los que me rodean.

Entendí que la vida es un proceso de aprendizaje  y de evolución de nosotros como seres humanos,  tengo  claro que mi  Ego siempre va a estar en permanente conflicto, pero si asumo la responsabilidad de quien verdaderamente soy, tendré la fuerza, el poder, la inteligencia y el bienestar sin límites, podré disfrutar de mis logros, conservar el interés por alcanzar nuevas metas,  y sobre todo procurar vivir en buenos términos con todas las personas.

¿Qué tan importantes han sido sus propios procesos?

Feliz fin de semana y una frase para terminar:

¨El ego es un monstruo fascinante¨ (Alanis Morissette).

Anónimo.

Esta entrada pertenece a un lector que me pidió permanecer anónimo

Hermanos.

Se acerca con la calma que ya es habitual en ella y una sonrisa que viene del fondo de su alma y que no sólo ilumina su cara sino toda la habitación y me dice, felicitaciones Ferchito, estoy muy orgullosa de ti.

                        Octubre 1996

Con poca gente tenemos tantas historias, tantos lazos, tantos secretos compartidos, tantas pilatunas amontonadas en el baúl de los perdones como con tus hermanos; ni siquiera hablo de gemelos o mellizos, hablo de esa afinidad, de esa relación tan estrecha que se crea con risas, llanto, historias, rabietas, peleas, defensas monumentales dignas de abogados notables en frente de tus padres y por supuesto de delaciones gigantescas también:

-¡Mamá, mi hermano me está molestando!

Y es que frente a los demás no necesariamente nos llamamos por el nombre, decimos, mi hermano o mi hermana, usamos esa palabra poderosa que denota camaradería, consanguinidad, que dice ¨lo que es con él o con ella es conmigo¨ y la usamos con orgullo y con mucho amor. Yo tuve la fortuna de tener una mayor que yo (muy a su pesar), porque siempre era la responsable de mis travesuras, y además la alegría de vivir mil historias e historietas con ella. Ella sabe de nuestra ¨Liga de la Justicia¨ de las subidas al bus sin pagar para ir a comer torta de pan después de clase, sabe del primer amor, de la vez que jugando a los bomberos casi quemo todas las sábanas de la casa y sabe de mis primeras lágrimas y mis éxitos y derrotas como profesional; sabe de mis sueños y los acolita pero es psicorrígida como si fuera una madre (peor que una) con alguno de mis excesos de tragos o uno de mis comentarios pasado de tono.  Eso son los hermanos; Daniel Samper Pizano a quién admiro y quién sin duda alguna es la razón por la que yo empecé a escribir en la vida –asumo que él dirá que no tiene la culpa – escribió alguna vez –quizás siendo profeta- en uno de sus libros que a los hermanos se les quiere ¨poco y con desconfianza¨. La verdad es que en su genial mamadera de gallo quizás quiso decir todo lo contrario.

Los hermanos son para toda la vida. Así nos hayan dejado antes, viven en nuestros sobrinos y en nuestros hijos, en sus gestos y en su manera de ser, si se han ido se convierten en ángeles y nos cuidan desde otro lado. Mis amigos entrañables que han pasado por esto pueden confirmar lo que digo. Son entonces para toda la vida y son parte nuestra, constituyen ese abrazo material o espiritual que siempre nos hace falta y que nos gusta recibir, son nuestra escuela para la vida, con ellos aprendemos a defendernos y a practicar la tomadura de pelo típica que usamos con los que amamos:

-¿Qué se siente ser la más vieja?

-Es que eres adoptada, eso lo explica todo.

-Yo salí inteligente y apuesto, tú… saliste como pudiste

Pero todas esas frases están llenas de cariño y del humor que compartimos con ellos.

Quise escribir sobre ella y sobre todos los hermanos que conozco y que se quieren y a pesar de los años mantienen ese amor, también de los que no están físicamente y se extrañan y se sienten cada día, esos son muy importantes también. Quise hacerlo porque son muy especiales y se merecen todo nuestro amor.

Feliz día de los hermanos (¿existe?)

Luis

P.D. A mi querida Nieves que por estos días está hablando como Darth Vader, mi mejor energía y que se recupere pronto.

Agradecimientos:

La foto de Nieves y Hétor se tomó de internet. Un fuerte agradecimiento a @ConsueloLago por toda una generación de crítica maravillosa y bien humorada.

Musica.

Dejo de lado los audífonos y me recuesto sobre la silla mientras revivo en mi mente uno a uno los acordes que acabo de escuchar así como las memorias que dieron inicio a todo esto. Aún falta mucho pero el trabajo de David Cruz ya es tangible; es una sensación maravillosa escuchar los instrumentos dándole vida a una idea que se volvió canción.

Creo que la música siempre me ha acompañado; recuerdo estar muy pequeño cuando le seleccionaba la música a mi papá mientras tomaba con sus amigos. En esa época la música no se descargaba de la red, aún no había internet. Los amigos de farra de mi papá, Diego y Miguel eran melómanos incurables. Esperaban los discos de vinilo que llegaban desde Nueva York con ansiedad para estrenarlos en un ritual inevitablemente acompañado por aguardiente y muchas historias de salsa. ¿Quién hizo los arreglos? El cuatro maravilloso de Yomo Toro,  los bongos de Roberto Roena. El siguiente paso era vendérselo a los bares, una botella de aguardiente y cincuenta mil pesos.  De los bares y de mi papá salió el gusto por la salsa, los boleros y la música vieja, gusto que mi Cali Bella enfatizaría con el tiempo. Y cómo no si la Salsa fluye en Cali como esa brisa infaltable de las cuatro de la tarde que baja de los farallones, y respiras ese ambiente bohemio que en cualquier esquina te regala un concierto improvisado o unos tambores jugando con el aire.

Precisamente hace muchos años, allá por un  Diciembre de 1984 y después de salir de clase de mecánica, me detuve junto a otras no más de 150 personas en uno de los laterales de la plazoleta de San Francisco a escuchar una orquesta casi desconocida para mí pero que de inmediato me llamó la atención. Después del mini concierto me acerqué hasta el que parecía su director para pedirle un autógrafo. Se detuvo camino al camerino improvisado y con todo el tiempo del mundo me escribió a mitad de página con cariño para… levanto sus ojos y le dije, Luis, maestro. Terminó los ¨garabatos¨ y me devolvió el cuaderno que con el tiempo perdería la tinta. Esa fue la primera vez que vi de cerca al que el pasado 9 de Diciembre  hubiese cumplido 67 ferias de Cali. El maestro Jairo Varela.

jairo-varela Foto tomada de http://www.El Tiempo.com

Las anécdotas vuelan y se agolpan en la mente, todas nos cuentan la historia de maestros que aman la música, la sienten, la persiguen, la entienden como nadie más. Por ejemplo, el maestro Jose Antonio ¨Chepe¨ Chicaiza que escucha en otra dimensión, que sabe cómo fluyen las notas antes de que estas siquiera se encuentren, que no se imagina sino que siente. Él me contaba de sus charlas con Luis Felipe González, otro maestro del bajo y de cómo algún día en un viaje en New Orleans Luis Felipe escuchó una banda tocando charlestón y pensó para sí mismo, mi música debe tener ese ritmo;  días después la Saporrita, del que se dice es el disco bailable más vendido de todos los tiempos, nacería con esas notas.

La música tiene esa energía vital, esa magia que te desconecta o te lleva donde quieres estar, pero no físicamente sino con la mente, con los sentimientos. La música siempre ha sido mi cómplice preferida, en ella me escondo cuando estoy triste o es ella la que habla cuando estoy alegre, la celestina perfecta para la noche, para enamorar, para perderse, para bailar que es como hacerle el amor a la misma música. Lo mismo una parranda que la banda sonora perfecta para escribir. Lo mismo me arranca risas que lágrimas. La música acompaña, llena, en una canción encuentras la manera de desahogarte a todo pulmón o de olvidar por unos minutos algo que te entristece. Cómo alguna vez me escribió en un trino Santiago Cruz, una canción es el espejo donde cada uno se mira; yo añadiría que nos vemos y encontramos exactamente lo que necesitamos.

Termino de escuchar la canción con Jorge Chicaiza cantante lírico y popular –decisión en la que se debate – hijo del maestro Chepe y me dice: está brutal ¨Fernandito¨. Tiene la mitad de mi edad así que ese diminutivo se le escucha gracioso. Esta brutal me repite y yo sonrío y pienso para mis adentros que es cierto, que esa tonada que no me dejaba en paz en ese vuelo a Cali parece hacerse realidad.

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Esta entrada es un poco más corta de lo normal pero tiene muchos agradecimientos:

  1. Giovanni Agudel Mancera quién no sólo escribe sino que ayuda a muchos. Les recomiendo esta entrada de su blog. http://blogs.eltiempo.com/la-sal-en-la-herida/2016/12/09/el-dia-en-que-jairo-varela-nos-secuestro-homenaje-al-maestro-en-su-cumpleanos/
  2. La orquesta los Fenix de Colombia, David, Santiago, Jorge, Jose Antonio y cómo no a la maestra Maria del Carmen.

Feliz fin de semana con mucha música.

Luis