Navidad

La época donde todo es posible, el mes de la magia, de las luces, de la familia, de la nostalgia y de estar cerca de los que amamos. ¡Es Navidad!

Para muchos la navidad se circunscribe al 24 de diciembre. Para otros como yo, la navidad es un estado que dura todo un mes. Son 31 días en los que se experimentan grandes emociones que a veces contrastan entre sí, pero que definitivamente son muy intensas.

En mi niñez la navidad empezaba el 7 de diciembre con las velitas. Era el día en el que se abría oficialmente la magia y la ilusión. La familia entera, los amigos, los primeros amores, todos reunidos encendiendo las luces de una nueva esperanza. Aún quedaban algunos días de clase pero ya se veían las vacaciones a la vuelta de la esquina; la casa de la abuela olía a desamargado* y buñuelos calientes todo el tiempo y todos parecían sonreír más. En mi Cali el efecto era aún más fuerte porque se empezaba a respirar el clima de feria. La música de fin de año inundaba las calles replicando ese ambiente ya tan familiar que se siente en la ciudad por esta época.

El 16 de diciembre empezaba la recta final con las novenas; noches de familia, de comida y de cantos, en las que los mayores trataban de mantener viva la tradición, que a su vez se alimentaba de la alegría y los sueños de los niños que hacían sus cartas repletas de pedidos al niño Dios. ¿Cómo olvidar la nostalgia de los villancicos o las noches llenas de luces y faroles?

Los que habían estado lejos empezaban a llegar. Con ellos llegaban las historias de mundos mágicos y totalmente diferentes, las costumbres, los relatos. Algunas veces llegaban miembros nuevos de la familia que todos abrazábamos como propios y, por supuesto, más regalos. Era el momento perfecto para encontrarse con aquellos que no habías visto en mucho tiempo; la alegría del reencuentro mezclada con la nostalgia de saber que partirían de nuevo.  La noche del 24 era eterna. La espera por la cena y los regalos, las carreras por toda la casa llena de papeles, el ruido de la pólvora, los mayores reunidos en la sala y los niños entre juegos y risas corriendo por todas partes. El 24 era sin dudas el día de la ilusión.

Justamente una semana después, la familia se reunía de nuevo. Esta vez había fiesta. Todos los abrazos de la media noche estaban cargados de cierres y de promesas. Era la noche de los grandes pero no por eso dejaba de ser especial para los chicos. Navidad terminaba, aunque tuviéramos una ñapa el día de reyes, con las campanas de una canción triste. Definitivamente ese era el día de la nostalgia.

Para muchos la navidad es un día. Para algunos de nosotros la navidad es todo un mes y sobre todo es un estado en el que experimentamos todas las emociones en porciones recargadas. Claro que no todo es alegría. Porque extrañamos a los que no están y porque, al ser un mes de contrastes, vivimos de primera mano como algunos lo tienen todo y como otros no tienen nada. Justamente por eso es una gran época para compartir, para agradecer, para perdonar, para regalar amor.

Bienvenida la navidad con los kilos de más, los aguinaldos, los villancicos, la familia, las luces, pero sobre todo con la paz y el amor en nuestras familias y la gente que amamos. Salgamos a compartir, sonríamos más, discutamos menos y que los sueños se cumplan y los balances sean positivos.

Feliz diciembre, ¡feliz navidad!

*La palabra desamargado no existe en el diccionario real de la lengua española, pero sí en la memoria que trae los sabores de las cáscaras de cítricos calados o de otras frutas que a fuego lento se dejan reducir para ser servidas junto con las brevas, la natilla, los buñuelos, el arroz de leche y el manjar blanco o dulce de leche tradicional, formando un postre navideño infaltable en la tierra donde nací.

Feliz vuelta al sol para Estructuradamente

Ha sido un año maravilloso

El año en el que empecé a escribir Estructuradamente y con toda la humildad, tratar de compartir algunas de mis experiencias.

Hubo fantasmas, miedos, baches, pero sobre todo muchas ganas y la alegría de ver todos sus comentarios.

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Feliz vuelta al sol para Estructuradamente

y gracias a todos por leerme y por compartir sus propias experiencias.

El extraordinario poder del agradecimiento

A pesar de ser un gesto tan poderoso, muchas personas no entienden su efecto y a algunas les cuesta agradecer o incluso recibir agradecimientos.

La palabra gracias no es precisamente una de las más usadas en el idioma español. De hecho decimos más, gobierno, presidente, político y hasta Luis. Sin embargo es una de las palabras que aprendemos primero en nuestro idioma nativo y lo hacemos también cuando aprendemos una lengua nueva. Quizá es porque es una de las que más necesitamos cuando nos exponemos a un ambiente totalmente diferente.

Su uso es cotidiano y hasta rutinario, se ha evaluado desde la óptica de la buena o la mala educación o hasta su connotación en comunidad o en familia. Hay quienes exhiben reglas para definir cuando es apropiado decir o no gracias. Hay reglas de mesa sobre el número de veces apropiado para hacerlo y de su utilización dependiendo del país en el que se esté. Podríamos hacer todo un análisis sobre su uso, pero no es esto lo que quisiera compartir con Uds. El día de hoy; no quiero hablar de acepciones o de buenos modales, mucho menos de etiqueta.

Lo cierto es que agradecer es algo muy simple; decir gracias es la formalización de ese acto, es dejarle saber a los demás o incluso recordándonos a nosotros mismos la gratitud por cualquier circunstancia.

No tiene que pasar nada gigantesco ni necesariamente debe haber un sacrificio para agradecer; se agradecen las cosas pequeñas también. El solo hecho de agradecer en las mañanas por otro día más de vida, por las cosas buenas, por la familia o por los hijos, implica aceptar las cosas maravillosas que tenemos y esto causa ya un efecto importante en nosotros. No importa si le agradecemos a nuestro Dios, a la vida o al universo, internamente eso hace la diferencia en nosotros.

Cuando agradecemos a las personas el efecto es doble porque es especial hacerles sentir que han hecho algo por nosotros o que estamos simplemente felices de que estén a nuestro lado. No se trata de que solo podamos decir gracias cuando nos hacen un favor, o que deba pasar algo significativo. También podemos agradecer el amor o los actos desinteresados que los demás hacen por nosotros. Agradecer es darse cuenta y dejarle saber a los otros que nos sentimos bien con algo que han dicho o hecho, agradecer es entender que estamos recibiendo lo mejor.

Es cierto que la palabra Gracias puede volverse rutinaria, sin embargo no podemos desconocer su poder. Por ejemplo en las estaciones del metro de Londres, en hora pico, cientos de personas te rozan en su afán por llegar a su destino, y la mayoría de ellos se disculpan cuando lo hacen. A pesar de ser un gesto automático, tiene un efecto poderoso en la manera de convivir y sobrellevar las tremendas aglomeraciones que se presentan. Sucede igual cuando decimos gracias. Podemos decirlo muchas veces, pero mientras exista la intención correcta, su efecto siempre será positivo.

Yo uso mucho la palabra gracias y trato de ser muy agradecido con quienes me rodean, con la vida y conmigo mismo. Lo hago con la gente que me ama y agradezco el amor que me dan, porque realmente no agradezco que me amen sino su apoyo, su incondicionalidad, su manera de hacerme sentir bien y querer lo mejor para mí. Me dicen muchas veces que no debo dar tanto las gracias, que hay cosas que no se agradecen. Creo que van a tener que acostumbrarse a escuchar o a leer esa palabra conmigo, porque es mi manera de hacerles saber que siento y recibo de la mejor forma todo lo que me regalan a diario.

Agradecer te reconcilia con el universo y con las personas. Es un acto que contiene humildad, amor, reconocimiento y respeto. Tiene el poder de hacer sentir mejor a los demás y a sí mismos; nos hace mas conscientes de lo que tenemos y de nuestra función en el mundo.

Creo que debemos dejar de pensar tanto en la definición de diccionario de la palabra, brindémosla y ofrezcámosla con generosidad, sin que se vuelva un acto vacío pero sí constante. Agradezcamos más y sobre todo a quienes amamos, a quienes no la esperan. Es una palabra poderosa que representa un acto que nos hace mejores. ¡Usémosla más!

Gracias por leerme y como siempre, déjenme saber sus opiniones.

Feliz fin de semana

Gracias a mi Dani por dejarme usar su foto para portada de esta entrada.

¿Qué significa tener éxito?

¿Es el dinero, el poder, el reconocimiento o simplemente poder lograr lo que nos proponemos?

Hace unos días leía unos apartes de un libro que hablaba sobre lo que significa el éxito para diferentes personas. Y pensaba que no solo tiene que ver con las diferencias específicas de cada uno de nosotros, sino también con la edad y el momento de la vida en el que nos encontremos.

También escuché a alguien en un evento público que mencionaba que para él no había que tener un gran sueño sino tener varios objetivos que nos permitieran tener triunfos rápidos. Desde su punto de vista cuando nos enfocamos en un solo gran objetivo y nuestra vida gira en torno a eso, tendemos a perder la perspectiva y podríamos estar dejando de lado cosas pequeñas que también son importantes.

Como en todos los temas que tienen que ver con la mente, no hay una respuesta absoluta ni un solo remedio. Cada uno debe descubrir dentro de sí la manera de solucionar las dudas. Lo que funciona para una persona, no necesariamente es la salida para otra, y aunque es válido aprender de los demás, solo dentro de nosotros están las verdaderas respuestas a nuestras preguntas.

Así que vamos por partes.

Para algunos el dinero es la escala de medición de los triunfos; el dinero trae consigo comodidad, reconocimiento, independencia y estabilidad entre otras cosas. Para estas personas, el dinero debe ser una consecuencia directa del éxito, quien tiene dinero es porque ha logrado lo que se ha propuesto.

Para otros el poder es la consecuencia directa del éxito. Tener poder implica tener acceso al dinero y por lo tanto a todos los elementos relacionados con él. Incluso sin que esté plenamente asociado a la parte económica, tener poder significa poder controlar, manipular o dirigir las cosas en beneficio de un fin específico.

Para otros el éxito está ligado al reconocimiento. A todos en mayor o en menor medida nos gusta que se nos reconozca, que se nos denomine referentes, que se nos aprecie, que se nos escuche o nos sigan. Para algunos el éxito está definido en términos de “me gusta” o de seguidores, y el poder dirigir la opinión de quienes nos siguen también es una fuente de satisfacción y señal de éxito.

Sin embargo existen muchas personas que han triunfado en la vida y se caracterizan por su humildad y por no tener perfiles altos o ser boyantes económicamente hablando. ¿Cómo medir entonces el éxito si todos tenemos referencias tan diferentes?

Desde mi punto de vista el éxito está relacionado en gran parte con lo que nos apasiona. En cada momento de la vida los retos son diferentes y conllevan esfuerzos disímiles. Sí de joven medimos el éxito por el poder, quizá de viejos busquemos solo reconocimiento. Sí en algún punto de nuestras vidas tener dinero lo es todo, quizá en otro momento la tranquilidad sea lo más importante. Así que el éxito no es absoluto ni mucho menos permanente una vez adquirido. Cómo depende de nuestras metas y estas son variables en el tiempo, pues requerirá motivaciones diferentes y esfuerzo continuo para conservarlo. Esta, sin embargo, es mi apreciación y no tiene que ser válida para todos.

Tal vez en lo que si podemos coincidir es que el éxito debe responder a nosotros mismos y no a lo que piensen los demás, porque si es difícil estar bien con uno mismo, imagínense tratar de complacer al resto de la humanidad. Además, cuando uno empieza a actuar en función de lo que digan las otras personas, se nos pierde la brújula y empezamos a apuntar a todas partes: el artista buscará hacer obras basadas, no en su gusto, sino en la moda que otros le indiquen, el pensador perderá su propia opinión reemplazándola por la de los demás, cediendo así su originalidad. La figura pública se volverá un esclavo de sus seguidores.

También será más fácil triunfar copiando lo que ya está dando resultado, pero siempre será más gratificante y exitoso hacerlo con nuestras propias ideas. La creatividad, la iniciativa, la responsabilidad, la capacidad de medir y tomar riesgos y la perseverancia son cualidades difíciles de encontrar y más aún hallarlas todas juntas, pero indudablemente el éxito real y duradero, requerirá de algunas o de todas ellas en conjunto.

La medida del éxito, aunque tenga un componente externo importante, deberá responder a nuestros propios deseos, pues de nada sirve tener todo lo que uno no quiere o no puede disfrutar.

Finalmente, creo que el primer paso es saber qué se quiere. Ya sea un gran sueño o varios objetivos pequeños, deberá estar claro en nuestra mente lo que queremos. De otra forma ¿cómo saber si se ha alcanzado el éxito si nunca supimos lo que buscábamos?

Feliz fin de semana y un fuerte abrazo a todos, especialmente al Usher Mayor quien por estos días batalla con algunas dolencias de salud, pero que seguramente saldrá vencedor.

¿Para Uds. Qué es el éxito y cómo lo miden?

Luis

Emociones

¿Cómo manejar la ansiedad y todas esas emociones que se agolpan en nuestra mente antes de cualquier evento importante?

48 horas antes de correr mi primera maratón debo confesar que me invaden todo tipo de sensaciones. La ansiedad, la expectativa y el miedo, son algunas de las cosas que pasan por mi mente en estos momentos. Siempre ha sido de esta manera.

Por más acostumbrado que esté a hablar en público, por ejemplo, siempre he sentido ese conjunto de cosas en mi estomago antes de una presentación o de una entrevista. Lo mismo sucede antes de cualquier competición por más amistosa que sea, esa sensación de inseguridad que me invade desparece segundos después de empezar,pero siempre está ahí antes.

Hace unos días hablaba con algunos músicos de la orquesta quienes me contaban que experimentan algo similar antes de cada concierto. Ansiedad, ganas de empezar, visitas recurrentes al baño, pero todo eso desaparece después de los primeros acordes y todo se empieza a disfrutar a partir de ese momento.

Nuestra mente puede jugarnos malas pasadas con la ansiedad. Podemos congelarnos, bloquearnos mentalmente o incluso disminuir nuestro desempeño físico por el tema de la ansiedad antes de cualquier situación importante en nuestra vida. Tenemos que entender esas sensaciones que se apoderan de nosotros como algo positivo, es nuestro cuerpo reaccionando al estrés de la competencia o de la responsabilidad, poniéndonos en alerta y preparándonos para lo que viene.

La preparación empieza desde mucho antes, por lo tanto y si hemos sido responsables, en el momento final debemos estar listos para lo que se viene; ya sea una competencia, una presentación importante o una entrevista de trabajo, la tarea previa ya fue hecha y estamos listos. Ese es un mantra que debemos repetirnos todo el tiempo. Siempre faltarán cosas, siempre pudimos hacerlo mejor, pero la realidad es que estamos listos. Ese mantra nos servirá para aquietar las dudas y arrancar, pues todas las fuerzas, todas las ideas y toda la energía que necesitamos, estarán ahí cuando haga falta.

Tenemos que llenar nuestra mente con pensamientos positivos. Visualizarnos teniendo éxito en lo que vamos a hacer. Si dibujamos ese camino y nos sentimos recorriéndolo de manera exitosa, la mitad del trabajo estará hecho en la mente y el cuerpo simplemente seguirá. Hay que recordar que la mente es quien dirige, que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos si lo decidimos. Algo que me ha funcionado es visualizarme terminando lo que voy a hacer y celebrando, cruzando la meta, recibiendo los aplausos después de un concierto. Esas imágenes previas me ayudan a empezar. Después, es cuestión de mantenerse enfocado y seguir el libreto que tenemos preparado.

Es normal sentir temor. Simplemente no hay que dejar que el miedo nos paralice, hay que convertir todas esas sensaciones en determinación, en fortaleza. Todas esas emociones que se experimentan antes de cualquier evento importante son bienvenidas y necesarias, pero lo que debe quedar al final es la claridad mental de vernos triunfadores cuando todo termine.

Feliz fin de semana y compartan sus historias y lo qué hacen para vencer sus miedos.

Luis

Si mañana todo se acabara

¿Qué harían si tuvieran la oportunidad de hacer todo lo que quisieran por una última vez? Si les dieran la posibilidad de usar los últimos días de sus vidas para cerrar las cosas inconclusas y disfrutar de todo lo pendiente.

Puede que sea un tema trascendental y hasta denso pero es una pregunta que yo mismo me hago todo el tiempo: ¿cuál es el balance adecuado entre disfrutar el hoy y ser precavido para el mañana?  En los extremos tenemos, por un lado,  a aquellos que se dedican a vivir el presente sin tener en cuenta el futuro; poco ahorran, disfrutan cada día como si fuera el último y atesoran cada segundo como un regalo. Por otro lado están aquellos conservadores que tienen asegurado su retiro, que son frugales, que guardan cada centavo esperando poder disfrutar en la vejez de todo el trabajo que hacen. Yo creo que debe existir un balance entre disfrutar del presente y prepararse para el futuro y que ese punto medio debe ser definido por cada uno de nosotros.

La vida es una caja de sorpresas que puede cambiarnos las reglas de juego en cualquier minuto. En un abrir y cerrar de ojos, todo lo que teníamos puede desaparecer y la manera en la que vivimos puede dar un giro de 180 grados. Nuestra salud y nuestras finanzas personales son temas que no están enteramente bajo nuestro control, son variables que dependen de múltiples circunstancias y que pueden tener desenlaces inesperados. En cuestión de segundos podemos pasar de un estado en el que somos sanos y fuertes a pelear por mantenernos con vida. En un instante podemos despedirnos de los que amamos y al siguiente dejar de verlos definitivamente; podemos desaparecer en el movimiento de un abanico, porque así es la vida: caprichosa e indefinida.

Nadie puede pretender vivir esperando que algo le suceda, al contrario, la mente debe estar enfocada solo en pensamientos positivos. Sin embargo no deja de ser una realidad que todo puede cambiar ligera o radicalmente. Desde esa perspectiva, hay que valorar cada respiración y grabar en nuestra memoria cada experiencia con intensidad. Nuestra vida es como una alcancía y va a estar repleta de las cosas que pongamos en ella: aventuras, cenas con la familia, risas, amor, pero también preocupación, tristezas y amarguras. Si al final del día no podemos llevarnos con nosotros nada de lo que materialmente recolectamos en la tierra,  entonces ¿por qué a veces tenemos esa obsesión por llenarnos justamente de cosas materiales?

Tampoco podemos despilfarrar lo que tenemos en un día sin pensar en que habrán oportunidades más adelantes de disfrutar y que tenemos que estar medianamente preparados. Creo que la clave está en trabajar y vivir intensamente cuando se es joven y el cuerpo aguanta; en disfrutar cada chance que tenemos de conocer, de viajar, de aprender; en vivir a plenitud sin preocuparse demasiado por lo que ya pasó y en tener un ojo puesto en lo que viene pero entendiendo que la única realidad  es este segundo que acaba de pasar.

Si yo pudiera precisar con exactitud la fecha de caducidad de mi cuerpo en la tierra y tuviera unos días para cerrar mis asuntos, entonces ciertamente amaría más, pelearía menos, correría sin miedo a cansarme, sin guardar energías para el día siguiente. Exploraría más, repetiría menos, trataría nuevos platos, cantaría más fuerte, abrazaría más, saludaría con más ganas, perdonaría todo y pediría más perdón. Tendría menos miedo, estrenaría más, tendría menos discusiones y más conversaciones, vería menos series y saldría más a la calle, menos redes socales y más cafés con mis amigos. Si estuviera seguro de que me queda poco, entonces no vaciaría mis cuentas de banco pero me compraría eso que siempre quise, le diría a aquellos a quienes herí que lo lamento mucho, regalaría más, terminaría mi libro por el placer de saber cómo termina.

Muy pocas de las cosas que haría tendrían que ver con el dinero. Creo que es porque las cosas que verdaderamente llenan el alma son más simples e intangibles. Siendo así, entonces podría poner en práctica lo que Steve Jobs alguna vez escribió:

¨si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día realmente tendrás razón¨

Y  viviría como si no hubiese mañana para el amor, para reírme de los chistes flojos, para abrazar, para sonreír. Siempre dejaría algo en el banco pero trataría de no guardarme nada en el corazón. Creo que ese sería mi balance ideal.

¿Qué harían ustedes si tuvieran la misma oportunidad?

Feliz fin de semana.

La foto de hoy es de la talentosa Natalia Maca. Síganla en Twitter e Instagram como Artedisc_Rock.

¿Por qué peleamos con los que amamos?

Siempre terminamos hiriendo a las personas que más amamos. Es un acto inexorable de la condición humana.

Ya había escrito sobre este tema en una ocasión anterior, sin embargo es algo recurrente que vuelve una y otra vez a nuestras vidas como un lastre del que no podemos o no nos queremos librar.

Nos enfadamos con los extraños; algunas veces dejamos de hablar con gente que apenas  conocemos y nada realmente cambia en nuestras vidas ni para bien ni para mal. No nos afectan normalmente las cosas que vienen de los demás, pero, como es normal, nos golpea demasiado cualquier cosa que sucede con las personas que amamos y justamente es a ellos a quienes más daño hacemos. Son ellos el blanco de nuestras reacciones o de nuestras crisis.

Hace poco vi un video en las redes sociales en las que el Dalai Lama contaba, a través de una anécdota, lo que era el mal genio para las personas. Contaba el Dalai que hace unos años tenía un auto muy viejo al que siempre le estaba fallando algo. Un conductor, muy bueno y amable de la India que lo acompañaba, se metió debajo del carro para arreglar algo que empezó a molestar. En un momento, mientras luchaba con las partes viejas del carro, el amable conductor se golpeó la cabeza causándose un dolor muy fuerte. Su respuesta inmediata fue la de continuar golpeándose la cabeza contra la parte inferior del vehículo. ¿Cómo entender que esta amable persona continuara golpeándose cuando precisamente era eso lo que le había causado el enojo en primera instancia?

Esto es justamente lo que los seres humanos hacemos en diferentes escalas en nuestras vidas. Nos gusta rumiar lo malo, atormentarnos con el dolor para darnos motivos. Se nos hace imposible dejar ir las cosas y nos quedamos en la espiral de la rabia, la misma que no nos permite darnos cuenta de los problemas, los logros o las necesidades de los demás. Este para mí es el primer problema que tenemos: una vez enojados nos cuesta muchísimo salir de ese estado.

El otro elemento que juega un papel importante en todo esto es que pensamos que tenemos el derecho a enojarnos. ¿Qué significa esto? Creemos que tenemos derechos sobre los demás o que nos pertenecen. A veces pensamos que los demás deben responder de acuerdo a nuestras expectativas. Medimos a los demás de acuerdo a como somos nosotros, pecamos al no ponernos en los zapatos de los demás y no intentamos entender sus comportamientos o reacciones. Este es un tema de inteligencia emocional.

También nos sucede que nos volvemos inflexibles y reaccionamos ante cualquier cosa como si fuera algo inaceptable. Normalmente no actuamos teniendo en cuenta los eventos más recientes sino toda la historia de cosas que nos han molestado. No olvidamos.

¿Cómo ser imparciales, justos o benévolos en nuestra manera de reaccionar, si tenemos todas estas variables afectando nuestras decisiones?

  • Nos afecta mucho lo que haga la gente que amamos y con ellos estallamos
  • Nos gusta rumiar lo malo para darnos motivos y así justificar nuestra rabia
  • Creemos que tenemos el derecho de enojarnos
  • Jamás olvidamos

Hace mucho entendí que nadie gana realmente una discusión y que las cosas que nos hacen daño nunca se olvidan. Entendí que en las discusiones solo nos hacemos más débiles y deterioramos las relaciones; que es imposible convencer a alguien si esa persona no quiere ser convencida o siente fuertemente dentro de sí que tiene la razón.

También he tratado de evitar las reacciones que provienen del estómago, sobre todo esas llenas de ira. Porque en esas palabras que se dicen o los actos que siguen a la rabia, son los que hieren a los que amamos y nos hacen desconocer sus cosas buenas.

También he decidido estar. Esto significa que justamente después de una pelea, es importante quedarse para la gente que amamos, escuchar y tratar de entender como son sus propias reaciones.

Sin embargo no lo he logrado. Mis pequeños logros parecen desvanecerse cuando las cosas que me molestan por más insignificantes que sean, terminan por derumbar la calma que me ha costado tanto mantener. Lo único bueno de todo este proceso es que soy conciente de la situación y que sigo tratando. Creo que mientras uno quiera intentarlo siempre van a existir posibilidades, aunque en ese intentar se pierdan personas valiosas para siempre.

Mi consejo, como finalizaba el Dalai Lama su charla, es que si se golpearon la cabeza, eviten seguir haciéndolo. Empiecen con pequeñas cosas, controlen la primera reacción. Hablen de como se sienten, y paso a paso, día a día, empezarán a hacer de su control un hábito y la rabia podrá ser finalmente desterrada de sus corazones.

Les deseo todo lo mejor y un gran fin de semana.

Compartan sus propias experiencias.

Fuerte abrazo,

Luis

 

En busca de la felicidad.

¨Es difícil hallar la felicidad dentro de uno mismo, pero es imposible hallarla en cualquier otro lugar¨

Arthur Schopenhauer

Estoy seguro de que todas las herramientas para lograr la felicidad están dentro de cada uno de nosotros; también creo que no se debe buscar la felicidad como un estado constante de alegría, pues pienso que la felicidad está profundamente asociada con otros factores que, además, actúan de manera diferente en cada uno de nosotros. No depende de los bienes materiales ni de la sabiduría, tampoco de tener muchas personas a nuestro alrededor o de conocer muchos lugares, menos de la edad. Definitivamente creo que tiene que ver en primer lugar con estar en paz consigo mismo; después, es cuestión de organizar nuestras prioridades y expectativas y tener claro lo que queremos con todas nuestras fuerzas.

No hay una receta universal para ser feliz. Hay miles de libros y artículos que hablan sobre como tener éxito o que nos presentan a grandes líderes como referentes en el tema de la felicidad. Sin embargo, y a mi manera de ver las cosas, no existe un solo camino para llegar a ella. Son diferentes los retos y las pasiones que nos mueven en la vida. Tampoco se debe crear una presión excesiva en busca de ser feliz, mucho menos inculcar en los niños esa necesidad por estar bien todo el tiempo. La vida, como una montaña rusa, nos trae subidas y bajadas, risas, lágrimas, sorpresas, noticias y la mejor manera para afrontarla no es tratar de sonreír todo el tiempo, sino aprovechar todas las experiencias de la mejor manera posible. Se aprenden muchísimas cosas de lo bueno y el doble de ellas de lo malo.

Permítanme compartir con Uds. Algunos ejemplos sencillos:

Bruno es un niño de cinco años que no se guarda sonrisas; se maravilla con todo lo que le regalan, ama el pastel de chocolate y juega todo el tiempo aun cuando hace sus deberes. Hay una enseñanza muy grande en su manera de recibir los regalos: ¡se alegra! Se emociona con todo de manera que disfruta todo lo que le dan. No compara, aunque le gustan los autos azules, todo es bienvenido; ve en cada detalle un motivo para agradecer y para sonreír, le da a cada cosa el valor espiritual de quien la recibe por encima del valor material. Si todos lográramos mantenernos de la misma manera y ver en cada regalo de la vida algo maravilloso, también sonreiríamos más y nos decepcionaríamos menos.

Annie es una adolescente que ha aprendido mucho de sí misma. Se ha adaptado a ambientes diferentes y tiene una filosofía de vida muy simple: multiplica por cero todo lo que no le hace bien. Claro que a veces le afectan las cosas, la vida trae cosas positivas y otras no tan buenas de vez en cuando, pero ella ha aprendido a no quedarse en lo negativo, a moverse rápido y rodearse de personas y de experiencias que le aporten. Si cada uno de nosotros hiciera lo mismo y dejara de dar círculos sobre los errores cometidos o las decepciones vividas, tendríamos más tiempo para perseguir lo positivo y alimentarnos de solo buena información.

Carlos tiene 72 años y es el hombre más tranquilo que conozco. Le gusta viajar, comer su plato favorito, le encanta el cine, el dinero y vivir bien. Con estos gustos uno podría pensar que siempre ha perseguido una situación económica boyante. Carlos, sin embargo, no es un hombre adinerado. Su éxito radica en manejar adecuadamente sus expectativas. Disfruta plenamente de cada oportunidad, no sufre por lo que no tiene ni atesora las cosas materiales más de lo que debe. Está en paz; esa tranquilidad le permite despojarse del dolor que causan los apegos y apreciar cada situación de la mejor manera posible.

Son muchas las personas que a lo largo de mi vida me han enseñado que con pequeños detalles se construye tranquilidad y que esta, da origen a la felicidad. No todas estas enseñanzas han sido filosofías de vida. Tengo amigos que se ponen retos a diario para mejorar su condición física, otros que encuentran en la música la mejor aliada para sobrellevar todos sus estados de ánimo. Conozco personas que a través de su fe han encontrado la forma de enfrentar el dolor y sobreponerse a él.  Hay quienes dejaron todo por buscar sus pasiones, los que a través de enseñarle a los demás se conocen ellos mismos. Ninguno de ellos es feliz completamente, porque creo que ese estado no es permanente, pero todos tienen en común una cosa: han podido encontrar dentro de sí mismos la manera de disfrutar lo que son y lo que hacen, y por ende están más cerca de ser felices.

Hace mucho no escribía por diferentes razones. Quise escoger este tema porque me parece muy importante compartir algunas de las lecciones que he aprendido sobre la felicidad. Es un tema muy amplio y muy complejo, no hay recetas ni pociones mágicas, pero si les puedo asegurar que dentro de Uds. Está todo lo que necesitan para ser felices.

Gracias por visitar el blog y por leerme; espero que me cuenten sus propias experiencias y cómo están trabajando para lograr la felicidad.

Fuerte abrazo,

Luis

¡Vacaciones!

Uno de los momentos más esperados del año; cuando el celular deja de sonar, cuando el teléfono no te levanta sino que tú lo despiertas a él, cuando el tiempo avanza más lento, cuando nos vamos de vacaciones.

Los de tierra fría buscan la playa, los de tierra caliente se van a la montaña; aeropuertos, terminales, carreteras, hoteles, todo se llena de millones de personas que buscan salir de la rutina, cambiar de ambiente, conocer, disfrutar de otros lugares, tomar vacaciones aunque haya que descansar después de llegar del viaje.

La sensación irremplazable de hacer maleta, de tomar carretera o de ir camino al aeropuerto no puede opacarse con nada, ni las filas, ni los retrasos, ni los precios altos, salimos a divertirnos y nos divertimos cueste lo que cueste. A veces con amigos, a veces en familia o simplemente en compañía de un buen libro, decidimos dejar nuestra vida diaria por unos días para llenarnos de experiencias, de imágenes, de recuerdos. Porque al fin de cuentas eso es lo que vale, todo lo material que atesoramos puede irse en un abrir y cerrar de ojos, pero los atardeceres, los bailes, las risas, los sabores, los amigos que conocemos cuando viajamos se quedan guardados en nuestra mente para siempre. Yo aún tengo recuerdos de mis vacaciones de niño; normalmente con la familia, íbamos a la playa por los famosos cinco días y cuatro noches. Eran mis encuentros con el mar y el olor a sal, el olor al aire acondicionado de los almacenes y de los hoteles, la comida con sabor diferente, la música en vivo. Todas esas experiencias que nutrían mis charlas con amigos cuando regresaba, eran la respuesta elaborada de ¿Dónde fuiste de vacaciones?

¿Qué es lo delicioso de salir de vacaciones? Hacer una pausa, un alto, un cambio. Nos regalamos un descanso en los pensamientos, en las emociones, nos regalamos mucho aprendizaje, mucha información. Las vacaciones son recarga de energías, así lleguemos físicamente agotados, son inspiración, son sonrisas que nos atacan a solas, son el tiempo mágico en el que valoramos precisamente eso: nuestro tiempo, los momentos de calidad que nos regalamos.

Yo ya llevo varios meses de vacaciones, porque como leí hace poco, cuando uno hace lo que le gusta no tiene que volver a trabajar ningún día de su vida. Así que yo no trabajo, yo hago lo que me encanta, divido mi tiempo entre la pasión por la música, la escritura y correr, aprecio cada aliento y cada minuto de vida, lo disfruto, no tomo nada a la carrera pero tampoco dejo pasar las cosas importantes.

Igual me voy de vacaciones, a llenarme de sueños, a recargar la imaginación, a probar sabores nuevos, a refrescar la mente que con seguridad seguirá aferrada a sus memorias pero que renovará imágenes, me voy a disfrutar de unos días a otra velocidad, con otro ritmo, con otro sabor. ¡Ya les contaré!

Y Uds. ¿Qué van a hacer estas vacaciones?

Feliz fin de semana largo

Luis